En las últimas décadas se confeccionó lo que hoy conocemos como la literatura de la pelota. Con el correr del tiempo, se convirtió en la corriente literaria que mayor terreno ganó y más fuerza consiguió. Durante muchos años fue cuestionada y puesta en tela de juicio por los sectores ilustrados y más respetados autores argentinos. Pese a esto logró liberarse de todo tipo de prejuicios y continúa avanzando con gran firmeza.
El fútbol ha sido objeto de crítica por parte de distintos sectores intelectuales. Jorge Luis Borges se refirió al deporte más popular del país diciendo: “Es feo estéticamente. Once jugadores contra once, corriendo atrás de un balón no son especialmente hermosos”.
Con el paso del tiempo, el fútbol empezó a ser aceptado como parte de la cultura popular. Personajes como Roberto Santoro, Osvaldo Soriano y Roberto Fontanarrosa son los principales culpables de que la literatura futbolera empezara a florecer. Ellos comenzaron a escribir sobre este deporte y así la ficción también se enamoró de la pelota.
El fenómeno ha crecido de tal manera que cada vez son más las editoriales que deciden apostar por el fútbol. En Argentina existe un sello propio, llamado Ediciones Al Arco. Hay todo tipo de géneros: novelas, cuentos, investigaciones, biografías y libros históricos.
La Agencia Argentina de ISBN (International Standard Book Number) dio a difundir unas estadísticas en torno a esto: en 1996 se publicaron 21 libros con la temática fútbol; mientras que en 2005, fueron 65 los ejemplares, y en 2006, 59. Solamente en diez años las cifras se duplicaron. Por supuesto esto no es mera casualidad. El consumo de estos libros demuestra como ha crecido.
“Hasta la década del sesenta, los sectores ilustrados separaban de la cultura a todas las manifestaciones que estuvieran fuera de las bellas artes y la literatura. El fútbol era un fenómeno desdeñable, que se asociaba a la irracionalidad de las masas. Con la cultura de masas, se amplió el concepto. A partir de los setenta, se empezó a mirar de otra forma algunas actividades y se visualizó a los escritores futboleros. Lo nuevo es que, a partir de los ochenta, el fútbol entra como elemento de ficción en forma regular”, opinó Juan Sasturain, uno de los pioneros y más reconocidos escritores de la literatura de la pelota, que a mediados de los ochenta publicó El arco más grande del mundo.
Hasta mediados del siglo pasado casi no se conocían títulos futboleros. Sólo se recuerdan Puntero izquierdo, de Mario Benedetti y Suicidio en la cancha, de Horacio Quiroga. Con los cuentos de Fontanarrosa y la aparición en la década del ’70 de Literatura de la pelota, de Roberto Santoro, el género empezó a crecer y a transitar una pendiente cuesta arriba. Al recorrer una librería se puede encontrar libros del uruguayo Eduardo Galeano, el cuentista Eduardo Sacheri y el periodista Alejandro Apo.
La relación de este género avanza y promete dar mucho más, que es lo que se espera: nuevas ideas, nuevos títulos, nuevas editoriales, nuevos romances entre la pelota y su literatura.
Escrito por literaturadelapelota 



