El avance del género de la pelota

1 diciembre 2009

En las últimas décadas se confeccionó lo que hoy conocemos como la literatura de la pelota. Con el correr del tiempo, se convirtió en la corriente literaria que mayor terreno ganó y más fuerza consiguió. Durante muchos años fue cuestionada y puesta en tela de juicio por los sectores ilustrados y más respetados autores argentinos. Pese a esto logró liberarse de todo tipo de prejuicios y continúa avanzando con gran firmeza.

El fútbol ha sido objeto de crítica por parte de distintos sectores intelectuales. Jorge Luis Borges se refirió al deporte más popular del país diciendo: “Es feo estéticamente. Once jugadores contra once, corriendo atrás de un balón no son especialmente hermosos”.

Con el paso del tiempo, el fútbol empezó a ser aceptado como parte de la cultura popular. Personajes como Roberto Santoro, Osvaldo Soriano y Roberto Fontanarrosa son los principales culpables de que la literatura futbolera empezara a florecer. Ellos comenzaron a escribir sobre este deporte y así la ficción también se enamoró de la pelota.

El fenómeno ha crecido de tal manera que cada vez son más las editoriales que deciden apostar por el fútbol. En Argentina existe un sello propio, llamado Ediciones Al Arco. Hay todo tipo de géneros: novelas, cuentos, investigaciones, biografías y libros históricos.

La Agencia Argentina de ISBN (International Standard Book Number) dio a difundir unas estadísticas en torno a esto: en 1996 se publicaron 21 libros con la temática fútbol; mientras que en 2005, fueron 65 los ejemplares, y en 2006, 59. Solamente en diez años las cifras se duplicaron. Por supuesto esto no es mera casualidad. El consumo de estos libros demuestra como ha crecido.

“Hasta la década del sesenta, los sectores ilustrados separaban de la cultura a todas las manifestaciones que estuvieran fuera de las bellas artes y la literatura. El fútbol era un fenómeno desdeñable, que se asociaba a la irracionalidad de las masas. Con la cultura de masas, se amplió el concepto. A partir de los setenta, se empezó a mirar de otra forma algunas actividades y se visualizó a los escritores futboleros. Lo nuevo es que, a partir de los ochenta, el fútbol entra como elemento de ficción en forma regular”, opinó Juan Sasturain, uno de los pioneros y más reconocidos escritores de la literatura de la pelota, que a mediados de los ochenta publicó El arco más grande del mundo.

Hasta mediados del siglo pasado casi no se conocían títulos futboleros. Sólo se recuerdan Puntero izquierdo, de Mario Benedetti y Suicidio en la cancha, de Horacio Quiroga. Con los cuentos de Fontanarrosa y la aparición en la década del ’70 de Literatura de la pelota, de Roberto Santoro, el género empezó a crecer y a transitar una pendiente cuesta arriba. Al recorrer una librería se puede encontrar libros del uruguayo Eduardo Galeano, el cuentista Eduardo Sacheri y el periodista Alejandro Apo.

La relación de este género avanza y promete dar mucho más, que es lo que se espera: nuevas ideas, nuevos títulos, nuevas editoriales, nuevos romances entre la pelota y su literatura.


El cuento primero

27 noviembre 2009

El libro de cuentos Montevideanos, de Mario Benedetti, es clave en la trayectoria literaria del autor. En la obra recopila sus mejores relatos, lo más representativos, donde expresa con un lenguaje propio sus ideas. De esta manera, logró su primer éxito en el campo de la narrativa.

Montevideanos, editado en 1959, obtuvo un gran reconocimiento por parte del público como por la crítica especializada. En ella Benedetti trata de mostrar la vida gris y el tiempo vacío de los habitantes de clase media de la capital uruguaya. Instala su mirada crítica desde el humor, en el que borrachos, hipócritas, charlatanes y hasta un sobornado jugador de fútbol consiguen provocar una sonrisa cómplice.

En este libro apareció uno de los primeros cuentos que tuvo como foco el fútbol. Claro, como todo uruguayo, este deporte formó parte de su vida, con la virtud que logró ser contemporáneo de los mejores y más importantes triunfos de su país: las medallas de oro de los Juegos Olímpicos de Paris 1924 y Amsterdam 1928, y las copas mundiales de Uruguay 1930 y Brasil 1950. Este noble juego no le fue ajeno, sino no hubiera sido un buen oriental.

Hasta mediados del siglo pasado casi no existían títulos futboleros. Benedetti, revolucionario en este sentido, fue uno de los primeros escritores que plasmó su amor por el fútbol en un libro. Tituló al cuento bajo el nombre de Puntero izquierdo. En él, dibuja la cruda humildad, pero cargada de humor, de un futbolista montevideano y sus pequeñas ambiciones, en las que se reflejan las raíces sociales más profundas del fútbol y que este deporte, ha hecho conocidos a los uruguayos en todo el mundo. El jugador de fútbol de hace cuarenta o cincuenta años es el que se retrata. Ese jugador que estaba a la altura del obrero, del sirviente, del ciudadano que no tenía defensas, que se hallaba lejos de los estudios. 

Benedetti utiliza un lenguaje en que el que no se encuentra ninguna fisura, siempre usando el léxico propio de las canchas. En este relato hace hablar al puntero izquierdo, que es un muchacho dominado por los desconocimientos. Ciego para hallar los polos opuestos que son el bien y el mal. Sin la inteligencia para descifrar los problemas complejos de un mundo socio-económico.

El conocimiento del lenguaje popular futbolístico y la perfecta visión de lo que representa el fútbol dentro de la sociedad de ese entonces y la de hoy también son elementos fundamentales para la construcción de este relato, que es esencial para la vida.


Un paréntesis por la memoria de Mario

24 noviembre 2009

Al conocer el siguiente caso, me encontre obligado de contar esta historia, interrumpiendo y dejando en un costado a Mario Benedetti y La tregua, que será la próxima entrada del blog.

El 15 de noviembre se conmemoró el 16° aniversario de la muerte del periodista Mario Bonino, quien fue secuestrado y desaparecido el 11 de noviembre de 1993 y, luego de cuatro días, se encontró su cuerpo flotando en el Riachuelo.

Bonino se desempeñó laboralmente como periodista deportivo en los diarios Popular, Sur y La Razón y, en 1993, era integrante del área de comunicación de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA).

En el momento de su desaparición se encontraba distribuyendo comunicados para denunciar las agresiones a la prensa, las presiones ilegales hacia los trabajadores de los medios, las censuras y las amenazas que se producían en pleno gobierno de Carlos Menem, como parte de la campaña “La Peor Opinión es el Silencio”.

Recién cuatro días después, el lunes 15 de noviembre, se volvió a saber de él, cuando su cuerpo ya sin vida apareció flotando en el Riachuelo. En ese entonces tenía 37 años, estaba casado con Felicia Urbano, con quien tuvo un hijo, Federico, por entonces de 8 años.

Su muerte fue censurada y autocensurada por gran parte de los medios de comunicación. Ellos impusieron de mala manera el tratamiento de la información sobre las causas que llevaron al asesinato de Bonino.

La posición del gobierno de Menem osciló entre ignorar el tema, calificarlo como suicidio y, ante las contundentes evidencias de que se trataba de un crimen, adjudicárselo a sectores mafiosos. A pesar de que las pericias legales y la Comisión de Investigación, integrada por periodistas de distintos medios, determinaron que había sido un asesinato.

Ante el poco recuerdo de los medios, de la justicia y los factores del poder, numerosos colegas, organizaciones de Derechos Humanos y la UTPBA realizaron una dura lucha contra la impunidad del caso y el olvido a su persona.

El asesinato de Bonino no fue un hecho aislado, como se intentó difundir por ese entonces. Durante la década del ’90, años en el que el poder estaba en manos de Menem, grandes cantidades de agresiones a periodistas ocurrieron, así como también secuestros con posteriores muertes.

A lo largo de todos estos años, los reclamos de justicia y esclarecimiento de la causa han sido en vano. Nuevamente la justicia argentina no logró o no quiso encontrar a los culpables de la muerte de un simple periodista.

Ya han pasado ya 16 años y la lucha por conseguir que los autores materiales e intelectuales del crimen vayan a la cárcel continúa.

Ya han pasado 16 años de silencios cómplices, de censura y de autocensura de muchos medios y periodistas.

Ya han pasado 16 años y las amenazas y agresiones a trabajadores de prensa siguen vigentes.

Ya han pasado 16 años y la impunidad está más presente que nunca.

Pero también han pasado 16 años en los que sus familiares, sus amigos y sus colegas continúan en la lucha para que todo esto cambie, y todos conozcan la historia de Mario Bonino.


Mario Benedetti, el nombre de la poesia

19 noviembre 2009

Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti, así lo llamaron su madre -quien no había terminado la primaria- y su padre farmacéutico, el 14 de septiembre de 1920. Pero de nada sirvió porque simplemente fue conocido como Mario Benedetti.

 

Nació en Paso de los Toros, Uruguay. Vivió una infancia y una adolescencia marcadas por las dificultades económicas. Por ese motivo, a los cuatro años, la familia se trasladó a Montevideo, ciudad a la que Benedetti dedicó numerosos poemas y nunca dejó de escribir, pese a su exilio.

A los 14 años empezó a trabajar vendiendo repuestos para automóviles. Luego fue taquígrafo, vendedor de libros y alfombras, empleado público durante cinco años, y de una inmobiliaria durante 15.

Su vida estuvo vinculada con Buenos Aires en varias oportunidades. Entre 1938 y 1941, vivió en esta ciudad, donde trabajaba como taquígrafo en una editorial y en cuya plaza San Martín, donde iba regularmente a leer, decidió ser escritor. Tras su paso por Argentina, regresó a Montevideo, donde comenzó con su carrera de periodista al integrar la redacción del semanario Marcha. En 1954 fue nombrado director del semanario, que era el más influyente de la vida política y cultural de Uruguay, y permaneció allí hasta 1974, año en que Marcha fue clausurado por el gobierno de facto de Juan María Bordaberry.

Su primer libro fue Esta mañana y otros cuentos, publicado en 1949. Pero recién Poemas de oficina, editado en 1956, fue el que tuvo un gran impacto en el público de la poesía y dio inicio a la creciente difusión de sus obras. Con la novela La tregua, publicada en 1960, Benedetti adquirió transcendencia internacional, ya que el texto fue llevado al cine por Sergio Renán, traducido a 19 idiomas y también adaptado para radio, teatro y televisión. Además La tregua estuvo nominada al Oscar como mejor película extranjera.

En 1973, después del golpe militar en Uruguay, debió abandonar su país por sus posiciones políticas. Primero emigró a la Argentina, luego a Perú, en donde fue detenido, deportado y amnistiado. En 1976 se instaló en Cuba y un año mas tarde en España. Recién diez años después pudo regresar a Montevideo, donde lo esperaba su esposa que se había quedado para cuidar a las madres de ambos.

Nuevamente en casa, Benedetti fue miembro del consejo editorial de la revista Brecha y comenzó a recibir una sucesión de premios literarios internacionales, doctorados honoris causa en España y en Cuba, homenajes, encuentros masivos y atención mediática.

Escribió en todos los géneros. Fue cuentista, novelista, dramaturgo, ensayista, periodista y poeta. Publicó más de 80 libros. Artistas como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Daniel Viglietti, Soledad Bravo y Pablo Milanés, entre otros, interpretaron algunos de sus más famosos poemas y los transformaron en parte de la música popular.

En los últimos diez años, debido al asma y por recomendación médica, el escritor alternaba su residencia entre España y Uruguay, tratando de evitar el frío. Pero al agravarse su estado de salud, ayudado por lo dificultoso que fue para él la muerte de su esposa en 2006, permaneció en Montevideo.

Luego de varias internaciones en el 2008 y 2009, se despidió del mundo literario el 17 de mayo de este año, en su casa, tras 88 años de lucha, de dedicación política, de literatura, más precisamente de poemas, género que amaba y que aman los que tuvieron la dicha de leer una de sus obras.


Desaparecidos y Táctica y estrategia

16 noviembre 2009

Clave en el momento de decidir el tema que iba a abordar este blog fue Mario Benedetti. Por eso esta semana será entorno a él los posteos que haré, y de esa manera, podrán conocer un poco más sobre su escritura, su persona y sus libros más importantes. Para comenzar la semana les dejo dos de sus poemas: Desaparecidos y Táctica y estrategia. Además de un video en el que recita Desaparecidos, junto al músico Daniel Viglietti.

Desaparecidos

Están en algún sitio / concertados 
desconcertados / sordos 
buscándose / buscándonos 
bloqueados por los signos y las dudas 
contemplando las verjas de las plazas 
los timbres de las puertas / las viejas azoteas 
ordenando sus sueños sus olvidos 
quizá convalecientes de su muerte privada

nadie les ha explicado con certeza 
si ya se fueron o si no 
si son pancartas o temblores 
sobrevivientes o responsos

ven pasar árboles y pájaros 
e ignoran a qué sombra pertenecen

cuando empezaron a desaparecer 
hace tres cinco siete ceremonias 
a desaparecer como sin sangre 
como sin rostro y sin motivo 
vieron por la ventana de su ausencia 
lo que quedaba atrás / ese andamiaje 
de abrazos cielo y humo

cuando empezaron a desaparecer 
como el oasis en los espejismos 
a desaparecer sin últimas palabras 
tenían en sus manos los trocitos 
de cosas que querían

están en algún sitio / nube o tumba 
están en algún sitio / estoy seguro 
allá en el sur del alma 
es posible que hayan extraviado la brújula 
y hoy vaguen preguntando preguntando 
dónde carajo queda el buen amor 
porque vienen del odio

Táctica y estrategia

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

 


Historias unidas por la palabra

13 noviembre 2009

Dos historias tan diferentes como parecidas se unen a través de los años por medio de los libros. Una de ellas es la que vivió el músico polaco de origen judío Władysław Szpilman, durante la Segunda Guerra Mundial. La otra es la que le sucedió al ex futbolista argentino Claudio Tamburrini, en plena dictadura militar.

Wladyslaw Szpilman era un músico judío-polaco que trabajaba en la radio de Varsovia cuando Polonia era invadida en septiembre de 1939 por la Alemania nazi. Luego de años de opresión, humillación y persecución, los judíos fueron reunidos y deportados al campo de exterminio de Treblinka. Szpilman fue salvado. Separado de su familia, sobrevivió, primero en el gueto como esclavo obrero y posteriormente escondido en el exterior del gueto, confiando en la ayuda de amigos que no eran judíos. Tras un levantamiento en Varsovia, la ciudad quedó deshabitada. Al borde de la muerte, Szpilman fue ayudado por el Capitán alemán Wilm Hosenfeld. Semanas después, los alemanes se vieron forzados a retirarse de Varsovia debido al avance de las unidades rusas. Una vez terminada la ocupación nazi en 1945 y después de vivir una odisea, Szpilman recuperó su tan ansiada libertad y retomó sus actividades como Director Musical de la Radio Polaca.

En tanto, Claudio Tamburrini era arquero del Club Atlético Almagro y estudiante de filosofía, cuando el 23 de noviembre de 1977 fue secuestrado en su casa por las Fuerzas Armadas y trasladado al centro clandestino de detención “Mansión Seré”, ubicado en Morón, en la provincia de Buenos Aires, durante la última dictadura militar. El motivo por el cual se privó la libertad de Tamburrini es porque militaba en la Federación Juvenil Comunista. Estuvo secuestrado 120 días hasta que junto con Guillermo Fernández, Carlos García y Daniel Russomano idearon un plan para escapar del horror que finalmente tuvo éxito y, de esta manera , consiguieron la libertad.

Claras diferencias hay en estos dos casos. Una de ellas es el tiempo en que transcurrieron los hechos. Otra es en el marco en el que ocurrieron los hechos. También es diferente el tiempo que estuvieron privados de la libertad, tanto como el motivo por el cual se les privó de este derecho.

A pesar de los contrastes que hay entre ambas historias, existen también similitudes. Szpliman y Tamburrini sufrieron la opresión, la humillación y la persecución por parte de las fuerzas que aterraban en Polonia y en Argentina. Los dos, luego de un gran proceso, lograron continuar con su vida, casi como si fuese normal. Pero hay una unión particular. Ambos quisieron contar sus historias para que se conozcan y, a través de los libros, encontraron la manera adecuada. Además sus vivencias fueron llevadas al cine.

Szpilman, poco después de la guerra, redactó Muerte de una ciudad, donde narra sus vivencias en Varsovia. El libro fue censurado y recién las memorias fueron reimpresas en 1998, cuando se hizo conocido bajo el nombre de El pianista del gueto de Varsovia. Dos años después Szpilman murió. En el 2002, Roman Polański, llevó los padecimientos de Szpilman al cine, con la película El pianista.

Tamburrini, luego de fugarse, se exilió en Suecia, donde terminó sus estudios y en donde continúa viviendo. Escribió Pase libre en el 2001, más de 20 años después de la tormentosa noche del 24 de marzo de 1978, día en que logró su tan ansiado escape. Adrián Caetano, en el 2006, dirigió Crónica de una fuga basada en el libro escrito por Tamburrini.

Historias diferentes que se conectan por medio de la palabra, en estos casos más fuerte por su contenido. Con ella lograron que sus vivencias se conocieran. Consiguieron que muchas personas, sobre todo jóvenes, se enteraran lo que sucedió o por lo menos que tuvieran una mayor noción de los tormentos que tuvieron que vivir ambos protagonistas. Tanto El pianista del gueto de Varsovia como Pase libre son libros que llaman a la libertad, que se unen en un grito común que dice: ¡Nunca más!


El libro primero

10 noviembre 2009

Tapa de la última edición del libro.

Literatura de la Pelota es más que el simple nombre de este blog. Un gran significado lo acompaña. Lo conocen aquellos que saben de la vida y los padecimientos que tuvo Roberto Santoro, su autor.

Luchador en contra de la tiranía y la opresión, Santoro logró juntar a personalidades diversas en su libro, recopilando versos y textos que fueron dedicados al fútbol de autores como Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, Juan Gelman, Raúl Scalabrini Ortiz y Eduardo Mignona.

Esta obra maestra fue el resultado de años de una intensa tarea, buscando y seleccionando textos, recorriendo librerías, bibliotecas y hemerotecas, revisando archivos. Tomó nota de los cantos de las hinchadas para dejar testimonio de la creatividad popular.

En 1971 se editó Literatura de la Pelota. Salió a las calles a través de un sello propio: Editorial Papeles de Buenos Aires.

Luego de mucho esperar, se escucharon las voces de aquellos amantes del fútbol que gritaban a viva voz la vuelta de la obra maestra de Santoro, ya que en el 2007, y 37 años después de su primera aparición, el libro fue reeditado, en este caso por medio de Ediciones Lea.

En esta ocasión cuenta con la presentación de Alejandro Apo, la pintura de tapa de Pedro Gaeta, y el estudio preliminar de Lilian Garrido.

Varios años pasaron y dos ediciones diferentes quedaron, pero en ambas se escuchan los latidos del corazón de Santoro y ambas tienen el mismo espíritu, el que fue otorgado por su autor en los primeros años de la década del ’70.

Es una pieza clave dentro de los libros de fútbol: por los contenidos, por la esencia que contiene en sus páginas, y por mucho más que encontrarán en la lectura. Por eso se los recomiendo, les aseguro que no se decepcionarán y que saldrán satisfechos con las cosas que encontraron.